Si bien para el año 1903 era impensable internet y las actividades relacionadas con la tecnología que encontramos en nuestros días, la revista New Scientist nombró al mago británico Nevil Maskelyne como el primer “hacker” de la historia, debido a su descubrimiento de un agujero de seguridad en el telégrafo sin hilos que había desarrollado el ingeniero e inventor Guglielmo Marconi.
El ingeniero Marconi esperaba un mensaje telegráfico enviado desde la Royal Institution de Londres por el físico John Ambroise Fleming. El mensaje sería el encargado de confirmar el correcto funcionamiento del invento de Marconi el cual probaría que sus mensajes no sólo viajaban a largas distancias,sino que además, podía sintonizarse con ciertos instrumentos que le impedían a cualquier intruso participar de la conversación. Todos los diarios de la época hicieron eco de la gran hazaña.
Sin embargo, el ilusionista Nevil Maskelyne también quería comprobar que era posible interferir en las conversaciones ajenas y se propuso interceptar un mensaje de Marconi.
Para demostrar las vulnerabilidades del telégrafo, Maskelyne instaló un transmisor de código morse y una antena adosada de 50 metros de altura pudiendo así interferir en conversaciones, lo que puso en evidencia la vulnerabilidad de aquellas comunicaciones inalámbricas.
Maskelyne alteró el funcionamiento del telégrafo e interfirió las conversaciones con la palabra “Ratas”, repetida en varias oportunidades, y hasta envió varios versos en tono jocoso desprestigiando a Marconi y a su revolucionaria creación.
Guillermo Marconi, quien por la invención del telégrafo recibió el Premio Nobel de Física en el año 1909, acusó al mago de vandalismo científico. Sin embargo, él se defendió diciendo que había una vulnerabilidad en el telégrafo inalámbrico, pero la denuncia no detuvo las intenciones de Maskelyne, quien terminó por lograr su objetivo.
Resulta que el mago Maskelyne estaba familiarizado con la novedosa tecnología sin cables, llegando incluso a utilizar el código morse en sus actuaciones, para sorprender a su público al comunicarse “secretamente” con su asistente.
De esta forma el ilusionista se convirtió en el primer “hacker” de la historia y pasó a ser parte de una saga de ilusionistas, de la cual su nieto Jasper Maskelyne, hizo parte años después y se convirtió en una pieza importante en el momento de prestar sus habilidades para interceptar mensajes al servicio de los aliados durante la II Guerra Mundial.




