La computadora personal

03 · La computadora personal

De la Apple-1 al Macintosh: cómo la computadora llegó a la casa

En 1975 una computadora costaba lo que una casa y vivía en un cuarto refrigerado. Nueve años después cabía en un escritorio, tenía mouse y se anunciaba en el intermedio del Super Bowl. Esta vitrina cuenta esos nueve años.

Historia de la computación Lectura de 8 minutos Hack the Planet Museum · Devel
Apple II con dos unidades Disk II. La configuración clásica de 1978. Sobre la mesa, el Apple II Reference Manual, los manuales del Disk II y disquetes con la etiqueta arcoíris. A la derecha, la fotografía de la Apple-1 firmada por Steve Wozniak como cofundador.

En 1975, una computadora era una máquina institucional: costaba lo que una casa, vivía en un cuarto con aire acondicionado y se usaba por turnos. Nueve años después, en 1984, una computadora era un objeto de 2.495 dólares que cabía en un escritorio, tenía un mouse y se anunciaba en el intermedio del Super Bowl.

Homebrew: la comunidad antes que el producto

El Homebrew Computer Club se reunió por primera vez el 5 de marzo de 1975 en un garaje de Menlo Park, California. El detonante fue el Altair 8800 de MITS, publicado en la portada de Popular Electronics ese enero: la primera máquina que un aficionado podía comprar por correo y armar en casa. No tenía teclado ni pantalla —se programaba con interruptores de palanca y se leía en luces LED—, pero costaba 439 dólares en kit.

En Homebrew no se vendía: se repartían esquemáticos. Esa cultura de compartir diseños, hoy reconocible en el movimiento de hardware abierto, es la que produjo la máquina que abre esta vitrina.

Apple-1 (1976): 666.66 dólares y ninguna caja

Manual de operación de la Apple-1, firmado. La portada lleva el sello original de Apple Computer Company, 770 Welch Road, Palo Alto, y la dedicatoria manuscrita de Steve Wozniak: "Think Different!". El manual documenta un producto que hoy sería inconcebible: una tarjeta de circuito impreso desnuda.

Sin gabinete, sin fuente de poder, sin teclado y sin monitor. El comprador debía conseguir todo eso por su cuenta.

Su aporte real fue arquitectónico. Wozniak diseñó la Apple-1 alrededor del MOS 6502, un microprocesador que costaba 25 dólares cuando el Intel 8080 costaba 179, e incluyó de fábrica dos cosas que las máquinas de aficionado no tenían: una interfaz de video que generaba caracteres en un televisor común y un puerto de teclado. Uno la encendía y podía escribir. Ese detalle —eliminar los interruptores de palanca— es el que separa a la computadora de aficionado de la computadora personal.

Se fabricaron unas 200 unidades. Jobs vendió su microbús Volkswagen y Wozniak su calculadora HP-65 para financiar el primer lote. El precio, 666.66 dólares, fue simplemente el costo mayorista de 500 dólares más un tercio de margen; Wozniak declaró después que le gustaban los dígitos repetidos y que no reparó en la connotación hasta que empezaron a llegar quejas.

Apple II (1977): la máquina que definió la categoría

La Apple II de esta vitrina, con sus dos unidades Disk II apiladas bajo el monitor, es la máquina que convirtió una curiosidad en una industria. Presentada en la West Coast Computer Faire de abril de 1977, traía gabinete plástico, fuente conmutada silenciosa (diseñada por Rod Holt, sin ventilador), gráficos a color y BASIC en ROM. Se encendía y estaba lista.

Wozniak insistió en incluir ocho ranuras de expansión contra la opinión de Jobs, que las consideraba innecesarias para el usuario doméstico. Fue la decisión más importante del producto: esas ranuras crearon un ecosistema completo de tarjetas de terceros —controladoras, memoria, módems, tarjetas Z80 para correr CP/M— y mantuvieron la plataforma viva dieciséis años, hasta 1993.

El Disk II merece su propio párrafo

En 1977 una controladora de disquete comercial usaba entre 30 y 50 chips. Wozniak, en dos semanas de trabajo durante las vacaciones de fin de año, diseñó una que usaba ocho. Lo logró moviendo a software lo que la competencia hacía en hardware: la sincronización de bits se resolvía con temporización precisa del 6502 y una codificación propia. El resultado costaba una fracción y era más rápido. Es probablemente el ejemplo más citado de elegancia en diseño de hardware de toda la industria.

Y en 1979 llegó la razón por la que las empresas empezaron a comprarla: VisiCalc, la primera hoja de cálculo. Fue la primera killer app de la historia del software: gente que no sabía qué era una computadora compraba una Apple II de 2.000 dólares únicamente para correr un programa de 100.

Macintosh (1984): la interfaz cambia de idioma

Macintosh 128K. Presentado el 24 de enero de 1984. Procesador Motorola 68000 a 8 MHz, 128 KB de RAM, disquete de 3½ pulgadas, pantalla monocromática de 512×342 y —lo decisivo— mouse. A su derecha, la Apple II; sobre la mesa, la unidad externa de disquete y la taza con el logo arcoíris.

Dos días antes del lanzamiento, durante el Super Bowl XVIII, Apple transmitió una sola vez el comercial “1984” dirigido por Ridley Scott. Nunca volvió a emitirse en televisión nacional y sigue siendo el anuncio más analizado de la historia de la publicidad.

Lo importante no era el hardware, sino que el usuario dejó de escribir comandos. Ventanas, íconos, menús y punteros —el paradigma WIMP— llegaron al mercado masivo.

Nada de eso lo inventó Apple. Casi todo venía del Xerox Alto y del entorno Smalltalk desarrollados en el Palo Alto Research Center desde 1973. Jobs visitó el PARC en diciembre de 1979 en una demostración negociada a cambio de que Xerox pudiera comprar acciones de Apple antes de la salida a bolsa. Xerox tenía la tecnología y no supo qué hacer comercialmente con ella; Apple la industrializó. Es uno de los casos de estudio más citados sobre la distancia entre inventar y llevar al mercado.

El Macintosh 128K tenía un problema serio: 128 KB de RAM eran insuficientes para su propio sistema operativo, y sin disco duro el usuario pasaba el día intercambiando disquetes. El Macintosh 512K, apodado “Fat Mac”, corrigió eso ese mismo año.

Los impresos: cuando esto era portada

Dos portadas, veinte años de distancia. A la izquierda, TIME con el iMac G4 de brazo articulado: "Flat-out cool!", enero de 2002. A la derecha, el número especial conmemorativo de Newsweek por la muerte de Steve Jobs, octubre de 2011. En la vitrina hay además un tercer ejemplar: el TIME memorial de 2011, con la fotografía en blanco y negro de Jobs abrazando un Macintosh.

Estas portadas documentan algo que hoy se da por sentado: hubo un momento en que una computadora personal era noticia de primera plana. El caso extremo fue enero de 1983, cuando TIME rompió su tradición de cuarenta años y, en lugar de nombrar “Hombre del Año”, nombró a la computadora personal “Máquina del Año”.

Dos objetos que resumen treinta años. A la izquierda, el despiece del iPhone 2G: cada tornillo, cable flex y chip separado y rotulado. A la derecha, el póster "Stay hungry. Stay foolish." firmado por Wozniak con la dedicatoria "Make History!" y su certificado de autenticidad.

La frase del póster cita el discurso de graduación de Jobs en Stanford en junio de 2005, pero no es suya: es la contraportada del último número del Whole Earth Catalog (1974), la publicación contracultural de Stewart Brand que conectó a la generación hippie de la Bahía con la microinformática. Ese linaje —de la contracultura de los sesenta a Silicon Valley— explica bastante del ADN cultural de la industria.

El iPhone: el ciclo se cierra y se invierte

La Apple-1 se vendía sin caja, con esquemáticos incluidos, y esperaba que el comprador la modificara. El iPhone, presentado en enero de 2007, llegó sellado, con tornillos pentalobulares propietarios, batería no reemplazable, arranque verificado criptográficamente y una tienda de aplicaciones que decide qué se puede instalar. En treinta años la misma empresa pasó de “aquí están los planos, haz lo que quieras” a “no abras esto”.

Esa tensión define buena parte de la seguridad informática contemporánea. El modelo cerrado redujo drásticamente el malware móvil masivo y protege a miles de millones de usuarios que nunca administrarán su propio dispositivo. Al mismo tiempo, concentró en un puñado de empresas la decisión sobre qué puede ejecutar un aparato que ya compraste, y convirtió el jailbreak —el descendiente directo del espíritu Homebrew— en una actividad legalmente ambigua.

La zona completa. A la izquierda, la Apple II con sus dos Disk II y los manuales. Al centro y a la derecha, el material de phreaking: la foto firmada de Wozniak, el recorte de Captain Crunch y el teléfono público de AT&T. Las dos historias comparten repisa porque comparten protagonistas: los mismos dos que vendían blue boxes en Berkeley fundaron Apple cinco años después.

Las dos máquinas de esta vitrina, separadas por tres décadas, son la misma pregunta formulada dos veces: ¿de quién es la computadora que compraste?

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